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martes, 13 de enero de 2015

Palabras mudas

Y te espero y te siento, pero tu no llegas. Y paciente, sin prisas, entre pausas y suspiros te espero y tú decides hacerte rogar. Y yo me siento en el abismo de mi ser acompañada por el compás de este viejo corazón que me acompaña entre pasos de hielo, entre cordones rotos y sueños sin cumplir. 
Y late, comienza una carrera porque a él al igual que a mí, le da miedo oír su propia soledad. 
Y tú no llegas y no te enteras, que sólo una mirada tuya recorre hasta mis huesos, que me conformo con un suspiro que significa tu vida y mi vida si me miras. Y no lo entiendes, que tu presencia, tu presencia me llena de mi vida y tus latidos me devuelven la vida si me la arrebatas en una guerra de miradas que siempre gano yo, porque tú nunca me miras como quiero me mires.
Y pienso, y me pregunto ¿Por qué seré transparente? ¿Por qué la vida me hace invisible a ti? ¿Por qué? si soy de carne y hueso y bajo todo este pellejo pálido aparentemente sin vida late un corazón que grita tu nombre y siente tus besos, imaginarios, sombríos, siempre con una triste despedida que agoniza entre destellos de día.

Y es que no te das cuenta, y no me escuchas o lo haces y no prestas atención pero yo te grito en silencio y te reclamo entre sonrisas. Te quiero por las noches y me enamoras por el día. Te siento sin sentirte y mi cama está vacía. Y mis besos te extrañan sin haberte besado y mis manos te acarician sin haberte tocado y yo tiemblo, tiemblo cuando entre gemidos a media noche, me despiertas de la vida y entre sueños que saben a miel me miras con tus ojos de cielo y tu boca de fuego. Y entonces me besas y mi corazón grita y yo bailo entre mariposas que me taladran y me hacen volar. Y luego me miras, me miras y  me sonríes, y yo sonrío por no morir frente a ti de las ganas que me muerden por dentro de tocarte y hacerte mío.
 -Te amo -tu voz habla por mí y yo me estremezco. Me hago valiente y aunque mis ganas son mudas mis manos me traducen y con suavidad dejo que recorran tu cara y se acomoden en el limbo de tus dedos.

Y abro los ojos y te miro a lo lejos, con el círculo de gallinas que te persigue vayas donde vayas y quiero gritar pero no puedo, y quiero demostrarte que yo sí te quiero, que ellas te codician pero que yo te dejaría libre entre mis ganas. Te dejaría libre entre mis sábanas y mi pelo, entre mis caderas y entre mis besos. Te amaría sin límites y te entregaría mi alma, te escribiría los te quiero que se colapsan en mi garganta. 
Y apareces frente a mí, como cada mañana, con la sonrisa de canalla y el pelo despeinado y tu sonrisa me gana, pero tu mirada, tu mirada me enamora. Y entonces sin dejar de mirarme apartas a las gallinas y como cada día de cada semana de cada mes de cada año desde que apareciste en mi vida levantas la mano y te la llevas a la frente y la agitas en el aire y al movimiento le sigue una frase, siempre la misma "Hola bonita" y yo me río o al menos lo intento. Y sonríes. Y siento que muero "¿Todavía no has aprendido a hablar?" el silencio acapara el pasillo y con una sonrisa abierta intento reír y casi lo consigo, porque me haces posible los imposibles y aunque tal vez nunca te lo he dicho y no porque no quiera sino porque este tonto cuerpo mío no puede "Te quiero".


Y mis signos y mis manos que son mi voz, son tuyas
y te escriben esos Te quiero que no nacen de mis labios.