Páginas

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Palabras que desgarran.

¿Soy una asesina? Debo serlo. Debo serlo porque hay gente que me señala con el dedo, hay gente que  me mira con desprecio y grita a los cuatro vientos ¡ASESINA!

Demasiado tiempo ha pasado desde que el cuchillo caía de mi mano al suelo y chocaba contra unas baldosas blancas y frías que se teñían poco a poco de sangre. Muchos años han pasado desde que él, aquella gloriosa torre, caía frente a mí sin apartar los ojos de mi mirada.
¿Soy una asesina? Debo serlo...

Recuerdo perfectamente la noche en la que aquello ocurrió.
Su cena se enfriaba mientras yo hablaba con mi hermana Alejandra en el sofá .
  -¡Hace siglos que no te dejas ver! -me miró con una sonrisa un tanto preocupada-. Parece que te tenga encarcelada...
  -¡No! -me apresuré en decir mientras mis pulsaciones aumentaban y mi cerebro comenzaba a trabajar-. Sa-sabes que no tengo tiempo...
  -Llevas diciendo eso medio año -su sonrisa se desdibujó y yo cerré los ojos mientras pensaba en la última vez que mis amigas me habían cogido del brazo por la calle y habíamos pasado la tarde en alguna calle de Madrid.
Abrí los ojos y miré el reloj que había sobre la chimenea, las once y media. Suspiré y miré a Alejandra con un gesto amable. Hacía meses que no veía a mi hermana a solas, pero aquel no era el mejor momento. No si no se lo había comunicado antes a Damián.
  -Creo que deberías irte -la observé mirarme.
  -Sólo son las once -Alejandra dejó escapar un suspiro y se levantó a duras penas.
  -Tengo mil cosas que hacer -fingí una sonrisa y me levanté al mismo tiempo que ella-. Debería fregar los platos, barrer el salón y recalentar la comida de Damián -la acompañé hasta la puerta.
  -Puedo ayudarte... -ella sugirió mientras yo le abría la puerta.
  -No, a Damián le gusta que las cosas de casa las haga yo -me pegué una bofetada mental mientras ella traspasaba el umbral de la puerta y me daba dos besos con disgusto.
  -Espero poder verte antes de que se acabe el año -me abrazó con ternura y siguió pasillo abajo-, parece que más que mi hermana, seas una desconocida.
Segundos después me metía en la cocina para fregar los platos de una cena que Damián nunca conocería.

Pero eso no ocurrió. La suerte no estaba de mi parte aquella noche y no pasaron demasiados segundos antes de que una llave sonara y la puerta se cerrara tras ella. Mis oídos se acentuaron mientras el maletín era puesto sobre el sofá. Los zapatos se quedaban en el salón y sus pasos llegaban hasta mí.
  -¿Has estado con alguien? -dijo su voz que no pasó del umbral de la cocina.
  -No -evité mirarlo mientras seguía quitando con tenacidad las manchas de los platos.
  -He visto a tu hermana Alejandra -sus pasos se acercaron a mí y sus brazos me encarcelaron mientras dejaba un beso en mi mejilla. Un escalofrío me recorrió la columna.
  -¿Ah-Ah sí? -pregunté con voz trémula mientras su respiración se acunaba en mi nunca.
  -Sabes que puedes contármelo -su voz fue suave como el terciopelo.
  -La echaba de menos... -intenté acurrucarme en mí misma y noté como sus manos iban a mi pelo y tiraban de él con fuerza.
  -No te he dado permiso -su voz fue contundente y yo ahogué un grito en mi garganta.
  -No-no-no sabía que iba a venir... -susurré mientras cerraba los ojos.
  -¿Por eso friegas los platos? -el tirón se acentuó-. ¿Me lo ibas a esconder? ¿Crees que puedes ocultarme algo en mi casa?
  -No quería mentirte -el apretón de pelo se acentuó y Damián me dio la vuelta para empotrarme contra la pared más cercana-. Simplemente no quería dejar los platos sucios... -bajé la mirada y él me obligó a mirarle agarrándome por el mentón.
  -Mírame cuando te hablo -evité el contacto visual y seguí mirando al suelo cuando la primera bofetada cruzó mi mejilla y quemó como el fuego-. ¡QUÉ ME MIRES CUANDO TE HABLO!
Levanté la vista intentando evitar, esconder, las lágrimas que querían brotar.
  -Lo-lo siento -me mordí el labio inferior mientras el fuego se apaciguaba en sus ojos.
  -Voy a ducharme y quiero la cena puesta.
Damián se perdió por el pasillo y metí el plato ya frío en el microondas.

No sé si pasaron horas. Creo que tuvieron que pasarlas porque de no haber pasado tanto tiempo el plato no se habría vuelto a enfriar.
Secaba los platos cuando mi marido apareció ya metido en su pijama y se sentó a cenar.
  -Vente conmigo -me miró con una sonrisa tierna y unos ojos sinceros. Los ojos de quien me había enamorado-. Quiero saber qué tal ha ido tu noche con Alejandra.
Me senté mientras llenaba su vaso con agua y me regañaba duramente por hacer que ese hombre tan bueno se enfadara conmigo.
Soy una mala esposa. Por eso se enfada.
  -Estaba haciendo la cena cuando ella llegó -me senté en la silla de enfrente y lo miré sin cansarme de sus ojos. Él me miraba enamorado. Debía estarlo para preocuparse tanto por mí-. No supe como echarla y cuando me senté a comer ella seguía aquí...
  -Así me gusta -Damián alargó su mano, arropó las mías entre las suyas y me sentí a salvo durante un segundo-. Me gusta que seas cortés con la gente -sonrió-. Pero no debes mentirme Alba, sabes que no me gusta que lo hagas.
  -Per-perdón -agaché la vista mientras apartaba la mano de las suyas y me recogía un pelo rebelde de la cara-. No quería que te enfadaras.
  -Si me enfado sabes que es por que me preocupo por ti -frunció el ceño y revoloteó la lasaña durante cinco minutos. Una lasaña que había estado preparando durante horas. Su plato favorito. Quería darle una sorpresa cuando llegara cansado de trabajar, sin embargo sólo había conseguido que se enfadara.
Tiene razón, la gente sólo consigue separarnos. Yo debo estar siempre con él, aquí en casa cuidando de él, haciendo que esté cómodo, que sea feliz. La gente sólo consigue separarnos. 
Lo observaba mirar la lasaña con cariño cuando se llevó el tenedor a la boca y su rostro cambió de la tranquilidad al desagrado.
  -¡Está frío! -gritó mientras se levantaba y se acercaba hasta mí-. ¿Lo has probado? -Me metió el resto de lo que quedaba en el tenedor en la boca y me cogió por los hombros-. ¿Qué has estado haciendo mientras me duchaba? -su voz iba aumentando-. ¡Eres una puta vaga! ¡Sólo te he pedido que me calentaras el puto plato y ni eso sabes! -esperé con paciencia a que Damián se relajara, pero sus gritos no cesaban y mi corazón cogía carrerilla mientras el miedo me paralizaba. Y entonces el plató se estrelló contra el suelo partiéndose en miles de trocitos que volaron por toda la cocina-. ¡Sólo piensas en  zorrear! ¡En perder el tiempo!
Ignoré su voz en mi cabeza, la bloqueé y me arrodillé en el suelo a recoger los trozos grandes a la espera que sus pies descalzos no se cortaran.
Sólo tenías que calentar el plato, ¡Ni eso haces bien! Él llega cansado y tú sólo tienes que ponerle un plato de comida y ya ni eso sabes hacer... Es tan lógico que se enfade contigo. No te lo mereces, el es tan bueno y tú, tú sólo eres una puta aprovechada.
Recogía los trozos de plato al mismo tiempo que mi mente se castigaba por ser la peor esposa del mundo y de fondo se escuchaba la sintonía de gritos que me recordaban lo poco que valía por hacerlo todo mal.
Aquello era mi culpa y yo lo sabía. Yo le hacía portarse así. Recogí algunos de los trozos más grande cuando un golpe azotó mis costillas y me estrelló contra el pico de la nevera. El golpe dolía, pero no dolía tanto como sus gritos frenéticos recordándome lo mucho que me daba y poco que recibía. El primer golpe no dolió, al menos no tanto, pero entonces llegó el segundo. Una patada descargó su fuerza sobre mi abdomen y la respiración pareció cortarse. El aire no llegaba a los pulmones, las lágrimas no afloraban aunque el dolor empezaba a ser incesante.
Pasaron tres, tal vez cinco minutos en los que los cristales del plato se incrustaban en mi piel y las patadas me venían de todas partes. Cinco minutos en los que sus ojos parecían el mismo infierno y mis pulmones adoloridos luchaban por respirar.
  -¡Eres una puta! -Damián dejó caer la última patada. Una patada  que fue que a dar con mi nariz. Ésta comenzó a sangran violentamente, mientras mis manos se abrazaban a mi barriga-. ¡Mira que te doy oportunidades! Pero tú, tú Alba, no sabes apreciarlas -se pasó la mano por los pelos y se perdió en el salón lo que a mi me pareció una eternidad.

Me quedé allí en el suelo, sentía como mi cuerpo recibía oleadas de dolor que me recorrían de arriba abajo. Notaba como la sangre no paraba de fluir y se formaba a mi alrededor un pequeño charco procedente de la última patada asestada en la nariz. Tuve que cerrar los ojos durante varios segundos para conseguir controlar la respiración, pero aún así, ésta saltaba de intervalos tranquilos a intervalos frenéticos. Abrí los ojos con lágrimas en ellos y observé los miles de cristales que cubrían el suelo.
Al otro lado de la cocina. Procedentes del salón, se escuchaban los pasos de Damián de un lado a otro. Su respiración comenzaba a calmarse y cuando conseguía hacerlo, comenzaba a maldecirme en voz alta.
Estaba decidida a dejarme en manos de la muerte cuando un recuerdo afloró en mi mente.
  -Los hombres se creen que tienen el poder de manipularnos -dijo mi madre mientras hacía la comida-. Pero eso no es verdad -ella dejó escapar una carcajada-. Ya ves Alba, yo he sido madre soltera y nunca he necesitado ningún hombre para nada -se giró y apoyó su cintura contra el mármol-. Nosotras podemos con todo. Somos tan o incluso más fuertes que ellos, pero debemos creérnoslo para poder demostrarlo.
  -Pero mamá, hay cosas que tú no puedes arreglar -le dije yo recordando que la semana pasada había venido un fontanero a arreglar el grifo atascado.
  -Sólo los necesitamos para las cosas secundarias -dijo mientras se acercaba a mí y se arrodillaba frente a mí-. Nunca te enamores Alba y si lo haces no dejes que te pisoteen.

Las lágrimas afloraron en mis ojos y un escozor acudió a ellos. Damián decía que me quería, pero no debía hacerlo si me había dejado allí tirada. Mamá me había dicho en algún momento que cuando dos personas se aman son incapaces de hacerse daño. Que el amor conlleva un respeto en ambas direcciones.

  -¿Todavía estás ahí? -Damián apareció en la cocina con un cigarro en los labios y el rostro un poco más sereno. Más sereno hasta que miró a su alrededor y la furia de un loco volvió a sus ojos-. ¡¿No has limpiado esto todavía?! -Se agachó a mi lado y me cogió por el pelo obligándome a levantar-. ¿Alba tanto te gusta que me enfade? -me tiró sobre la mesa y mis costillas crujieron al entrar en contacto con la esquina de la mesa-. Me estoy cansando Alba -su voz resonaba en mi cabeza una y otra vez. Un eco que no cesaba.
  -Necesito un descanso... -dejé escapar en un susurro lastimero.
  -¿Un descanso? -me miró con mofa-. ¿Y tú haces algo? Dime Alba -cogió mi pelo en una cola enredada alrededor de su mano y tiró de mi cabeza hasta tenerla en su cuello-. ¿Qué haces?
En ese momento comprendí que era él o yo. Que aquello no era amor, que aquello era una relación de sumisión en la que se me castigaba por ser inferior, por ser mujer. No había perdón que valiera. No había un "lo siento" más tarde que me fuera a quitar los moratones. Aquella noche tal vez acababa conmigo.
Pero el chip realmente no se activó hasta su dedo pasó por mi cuello y se adentró en mi sujetador. Su risa se hizo más profunda.
  -Realmente sí que hay algo que se te da bien -me besó la mejilla y el asco se apoderó de mí-. Eres muy buena puta.
  -No me toques -susurré.
  -¿Qué dices? -su voz fue contundente-. Tú no me dices lo que hacer -el volumen aumentó-. ¡Voy a hacer lo que me de la gana porque eres mi mujer! ¡Y ahora quiero que te desnudes! ¡Haz tu trabajo puta!
  -No -mascullé entre dientes mientras intentaba luchar por alejarme de él-. Esto se acaba Damián. Déjame.
  -¿Qué te deje? -Me soltó del pelo y aplastó mi cara contra la mesa-. No lo voy a hacer amor -apagó su cigarro en mi espalda y un grito escapó de mis pulmones mientras subía y rasgaba mi garganta para huir por mis labios. No hubo pausa, sus manos se habían adentrado por debajo de mi falda y echaron las bragas al suelo-. Ahora te voy a follar y tú me vas a poner contento.
  -¡Déjame por favor! -ahogué un intento de controlar mis lágrimas mientras miles de punzadas de dolor se mezclaban con el miedo.
  -No lo voy a hacer -dijo mientras sus pantalones caían y la primera embestida llegaba-. Así me gusta zorra, que quieras hacerme feliz.
Las lágrimas caían mientras sus embestidas llegaban con fuerza. Él se regocijaba mientras de mis labios se escapaban gemidos de dolor.
Prefería estar muerta.

Lo siguiente que recuerdo viene en pequeñas porciones difusas bañadas en oleadas de rabia y miedo.
Damián me miraba como un ganador. Él había ganado aquella noche. Había marcado su territorio.
Me desnudaba cuando me dejó de ir una bofetada.
  -¡Más despacio puta!
Me apoyé contra la mesa para recuperar el equilibrio cuando mi mano se encontró con el frío filo del cuchillo. Lo cogí con mano temblorosa y lo puse aumentando la distancia que nos separaba.
  -¿Qué me vas a hacer? -su rostro parecía confuso y la ira volvió a inundarlo-. Deja eso Alba.
No lo hice. Él se acercó con la idea de que yo bajaría aquel cuchillo que nos separaba. Pensó que me escondería como tantas veces lo había hecho. Pero no lo hice. La ira aumentó y antes de que su mano volviera a cruzar mi mejilla, la punta de metal se clavaba en el pecho de Damián que me miraba con los ojos abiertos y un eterno gesto de confusión.
Su cuerpo cayó al suelo y la sangre pronto tiñó los azulejos blancos de un rojo escarlata. Me dejé caer al suelo junto a él y comencé a llorar cuando entendí que lo que estaba abrazando era el cuerpo inerte de mi marido.
  -¿Damían? -zarandeé su cuerpo mientras besaba sus labios-. ¡Vuelve conmigo! Por favor perdóname...

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando mis ojos se abrieron estaba en una cama de hospital. Mi hermana Alejandra me miraba desde una silla junto a mí.
  -¿Dónde está Damián?
  -Ese hijo de puta ha muerto cielo -las lágrimas afloraron en mis ojos mientras gritaba su nombre.
  -¡No! -intenté levantarme de la cama mientras latigazos de dolor azotaban mi cuerpo-. ¿Dónde está? ¡¿DAMIÁN?! -grité varias veces sin respuesta.

Años han pasado desde entonces. Los primeros meses fueron dolorosos, la cara de Damián me perseguía en sueños y los moratones que coloreaban mi cuerpo me recordaban que aquella noche había sido real. Me sentí una asesina durante meses. Él había hecho tanto por mí...
La culpa se apoderó de mí hasta que mi ginecólogo me confirmó que Daniela venía en camino. Entonces mi mente recordó cada una de las humillaciones que había sufrido. Mi mente recordó aquel aislamiento en el que viví. Aquellos golpes que me recordaban lo inútil que era. Aquellas noches en las que él me trataba como a una puta. Recordé durante semanas una a una las bofetadas, los gritos, los insultos, las lágrimas y los miles de perdones que le proseguían. Lo recordé porque debía ser fuerte. Porque ahora éramos dos y yo debía ser la madre y padre de Daniela. Debía ser fuerte porque ya yo no sólo luchaba por mí, luchaba por ella, por nosotras.

¿Soy una asesina? Todavía hay gente que lo cree. Hay gente que me mira y grita que yo maté a Damián. Hay quien llora a Damián y me odia, pero mi cuerpo relata una historia que pocas personas conocen. Fui presa del miedo, pero acabé con él.



¿Soy una asesina? Sólo de mi propio miedo.







Perdón por desaparecer, he tenido algunos problemas con la administración de Blogger pero ya está todo arreglado.

16 comentarios:

  1. Esta historia me ha provocado escalofríos. Es muy duro pensar que haya mujeres que tengan que sufrir maltratos similares, y que lleguen a sentirse las "malas de la película", cuando en realidad solo son víctimas de personas que no tienen sentimientos.

    ¡Un besín!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, yo he vivido el caso de cerca y es muy complicado salir de ese pozo. Más que nada porque las mujeres que viven esa situación se creen que ellas misma no hacen nada mientras que ellos lo hacen todo por ellas.
      Intenté plasmar un poco lo que se supone que viven, ese tormento y plasmarlo. Porque no todas las mujeres son felices. Pero todas somos fuertes y podemos con todo.

      Eliminar
  2. Me ha gustado, reflejas muy bien la confusión que ella misma tiene que no sabe cómo sentirse, que a veces se cree la mala y justifica a quien le hace tanto daño, y otras veces no llega a comprender cómo puede eso ser amor. Sí es triste pensar cuando lees cosas así que, aunque esto sea ficción, hay demasiadas historias parecidas ahí fuera que son reales.
    Si tienes un ratito me gustaría que te pasaras por aquí: http://rochepf.blogspot.com.es/2013/08/rojo-y-negro.html
    ¡Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Leí la entrada que me dejaste y es desgarradora! Tú sí que te luciste en ella, en serio eres tan increíble escribiendo que enamoras *-*
      Besos.

      Eliminar
    2. Hola cielo lo siento por no averme pasado antes , creo que leistes que me operarian :/ pero bueno gracias a dios esroy aqui❤

      Acerca de la entrada es muy desgarradora , por que algunos hombres son machistas piensan que la mujer no vale nada y que por eso tiene que soportar humillaciones, peleas , etc
      Realmente hay muchos casos que mujeres que siguen arriesgando su vida por miedo de irse del lado de esa persona algunas siguen por amor y otras por miedo aque sea peor pero
      Muy realista la entrada cielo


      Un beso <3 !

      Eliminar
    3. No lo había leído ¡MIL PERDONES!
      Menos mal que ahora estás bien... Opino como tú, estás situaciones deberían acabar ya de una vez. Porque no hacemos más que deshacer un camino hecho con mucho esfuerzo.
      besos.

      Eliminar
  3. Un triste y cruda realidad que sufren cada dia cientos de mujeres.
    Hace algún tiempo yo tambien escribí a cerca del maltrato con un relato, pero el tuyo es descorazonador, realista y muy impactante.
    Besos
    Lena

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí la verdad es que estas situaciones deberían acabar, porque en los tiempos en los que estamos es degradante que ocurra ésto.
      Y nosotras debemos creernos lo que somos, unas guerreras que podemos con todo.
      Besos.

      Eliminar
  4. JODER!!!
    me encantó! en serio, es impresionante como eres capaz de escribir y que todos sintamos cada palabra de la entrada!!!
    Es una entrada demasiado triste y real!!!
    Esto debería de ir cambiando, como tantas cosas mas...

    Un beso! ;)
    http://myworldlai.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Mil Gracias!
      Viví una situación parecida, osea en cuanto al maltrato, no sabía perfectamente como transmitir los pensamientos, porque no me ocurrió a mí, pero al final he dado un buen enfoque.
      En cuanto a lo que dices, te doi la razón estas cosas deberían desaparecer ya.
      Besos.

      Eliminar
  5. Increíble... realmente me IMPACTÓ MUCHÍSIMO... me gustaría poder decirte más cosas, pero es que me ha dejado... sin palabras, INCREÍBLE. Es una triste realidad, que por desgracia, ni modo desaparece... y sí, ojalá todos los hombres se dieran cuenta del valor de una mujer... Un graan saludo! :*

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te haya gustado.
      La verdad es que estas situaciones tendrían que acabarse, porque hace que el mundo se degrade y creo que vivimos en una presente bastante evolucionado como se de eso.
      Besos.

      Eliminar
  6. Wow!
    Empecé a leer y desde la primer frase no pare!
    Me gustó mucho, un beso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra muchísimo que te haya gustado... La verdad es que debo admitir que me encanta leer esas palabras :D
      Besos.

      Eliminar
  7. Realmente bonito, eres una gran escritora, sigue así!

    Muchos besos desde http://marsehistorias.blogspot.com.es

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Prometo seguir así durante mucho más tiempo, una no abandona sus sueños por nada.
      Besos.

      Eliminar

Vuestros comentarios son una motivación más para que este mundo que tanto me gusta no termine nunca ni se escape de mis manos.
Miles de gracias soñadores ♥