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domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo tres.


Al salir de aquellos brazos que me habían transportado a un mundo de placeres que mucha gente suele encontrar prohibidos. Me encontré desorientada en una realidad donde esos besos no parecían haber transmitido mucho más que frío. Me sentí traicionada por mí mima, por intentar mentirme e intentar creer que sacaría algo bueno de aquellos labios que ahora parecían tan insípidos, tan del montón.
Caminé varios metros intentando averiguar la hora, pues realmente no tenía ni idea de cuánto tiempo había estado en aquella cama con Julia, con aquella niña con cuerpo de mujer. Pero no había nadie a quien preguntarle, ningún reloj que me la revelara, por lo que la desorientación comenzaba a agobiarme poco a poco, porque aunque el tiempo sea algo relativo para mí, tengo un impulso, una necesidad casi natural de controlar el tiempo. Tal vez porque espero algo, tal vez porque no tengo nada que hacer aparte de vagar calle tras calle observando miles de humanos que parecen saber lo que quieren sin tener una mera idea de lo que realmente buscan. Cara de gente que se conforma, cara de gente que acaba ridiéndose dejando el camino a la mitad. Casi como yo, pero más simples.

Llevaba lo que me parecían horas caminando de un lugar a otro. Viendo calles desiertas invadidas por personas que intentaban buscar un último sitio abierto donde acabar de ahogar las penas o simplemente intentar ahogarse a sí mismas. Otras corrían como si llegaran tarde a algún sitio. Otras simplemente paseaban en pareja, riéndose, siendo felices. Sin nada en el mundo que los atormentara.
Yo caminaba sola, sola como siempre. Sola en una madrugada que comenzaba a volverse furiosa. Una madrugada donde las nubes grisáceas se apoderaban del cielo raptando a la luna y a las estrellas y reteniendo a un sol que comenzaba a dejarse ver a los lejos, tras las montañas.
Yo caminaba esperando una señal, la típica señal divina que en las películas cambia las vidas de los protagonistas. Esa mirada en la que entiendes que eres amada. Ese accidente donde te das cuenta que amas, esa despedida dónde decides que irás hasta el fin del mundo con ella. 
Espero una señal que nunca llegará, una señal que resultaría irónica, pues si apareciera yo nunca podría interpretarla de alguna forma, porque la única manera de estar con esa persona que tanto anhelo es la muerte. Y decididamente esta parece no ser una opción para mí.

Sol que no aparece, pero envía sus abrazos hacia mí. Un calor que es vencido por la espesura de la niebla. Una niebla que se intensifica a cada segundo y es acompañada por una brisa agobiante que amenaza con devorarme. Las primeras gotas que caen con suavidad espantan a la mayoría de gente hasta los portales más cercanos. Hasta unos abrazos que ceden su calor a la otra persona. Y de pronto en menos de media milésima de segundo el infierno se desata sobre mí. Y no queda nada en la calle, sólo yo y mis penas. Sólo yo y un mundo extraño. Sólo yo y la tormenta que ha ganado esta vez a la calma.
Miro hacia todos los lados y cuando no veo sombras, cuando estoy segura de que nadie me mira. Desplego mis alas y recorro el cielo. Un cielo que parece infranqueable, un cielo que parece no querer dejarme avanzar.
Llego hasta el bosque donde la vi la última vez. Ella no está, Suhaila está tan enfadada conmigo que no creo que me perdone. No, nunca lo hará, ya sólo es un fantasma que se ha estancado en mi cabeza.
Comienzo a llorar y la tormenta se acentúa. Las gotas me acompañan, mientras recuerdo aquella última noche que pasé con ella.

  -Tendrías que tener más cuidado -Suhaila estaba algo molesta porque horas antes yo había desaparecido sin decir nada y aquello era profundamente irritable para ella.
  -Tú tendrías que dejar de comportarte como mi madre -la miré con desdén, buscando las palabras para acallarla durante el resto de la semana-. No eres quién para preocuparte...
  -¿Y entonces qué soy para ti? -su pregunta fue un susurro que se fundió con la suave brisa de verano.
  -Compañía.
Su boca se frunció en un tensa línea y sus ojos, unos ojos turquesas e inmensos desviaron la mirada de mí. Huyeron de mi lado hasta que horas después se acercaron a mí con el dolor de quien se ha visto traicionada por alguien importante. Yo la observé esperando una sola palabra, algo que me avisara de lo que rondaba por su cabeza. Esperaba un 'Adiós, he tenido suficiente'. Sin embargo sus brazos rodearon mi cintura y sobre mi hombros sus lágrimas cayeron. Me derrumbé en aquel momento mientras sus sollozos intentaban ganar a la calma.
  -No sigas por favor -susurré cerca de su oído mientras peinaba su pelo-. Lo siento.
  -Siento que te pierdo.
  -Estoy aquí -la apreté contra mi, sin embargo ella huyó y me miró con aquel trocito de mar que poseía por ojos.
  -No me refiero a eso -ella me observa con los ojos llorosos y el azul de éstos todavía parece más bonito. Me odio por hacer que sus ojos resplandezcan por mi culpa-. Es que... -suspira y se entretiene mirando sus pies desnudos mientras en alguna parte los búhos ululan-. A veces creo que me quieres -la voz de Suhaila tiembla mientras sus manos se entretienen con un mechón de pelo-. Pero luego sueltas cosas como las de antes, o simplemente me ignoras, me evitas o impides que me acerque y siento que te pierdo...
Me quedo callada durante lo que parecen siglos. Mientras mi cabeza piensa yo me obligo a huir. Huir porque realmente me importa aquella chica de pelo azabache y ojos claros. Porque realmente quiero tenerla cerca, pero sé que eso sólo conllevaría una y otra decepción. No sé querer, o tal vez sí, pero no demostrarlo. Tal vez todo lo que ocurre es que no estoy acostumbrada a que la gente quiera protegerme o quiera cuidarme tanto tiempo. Tal vez diez años no son suficientes para que yo comience a confiar en el hecho de que se preocupe. Ahora o nunca, me digo a mi misma.
Observo a Suhaila mirarme y sin darle tiempo a nombrarme la pierdo de vista en cuanto mis alas aparecen y me elevo en el cielo mirando hacia el horizonte.
'Estúpida, estúpida, estúpida. No creas que vas a volver. La has hecho llorar una vez, una vez más tú la has hecho llorar y luego te has ido como si no te importara, ¿Es que no te importa? ¿Cuánto tiempo necesitas para ser valiente y admitir que la quieres? ¿No has estado demasiado tiempo sola? Con ella lo tienes todo. Eres feliz. Se preocupa. Tenéis algo mágico, especial. Ella te lo da todo...'
Mi propia cabeza comienza un monólogo que parece no tener fin. Yo intento ignorarme y cuando finalmente lo hago, me encuentro en el límite del bosque, sola. Porque los animales parecen haber huido y no hay un solo ruido a parte de mi respiración y la de los árboles. 
Dejo que la punta de mis pies toque el suelo húmedo y me calzo los zapatos en medio segundo, después abandono aquel bosque camino a la ciudad. Una ciudad muy diferente a las que existen en estos tiempos, si la gente de ahora hablara sobre aquellos tiempo, hablaría del pasado. 
Pero para mí, aquella época era el presente. Un presente donde lo importante era lo futurista. Una época donde la velocidad adquiere una gran importancia en la vida y donde la mujer empieza a realzar su silueta, con prendas de miles de colores que inundaban unas calles desiertas después de la Gran Guerra.
Éramos más fuertes por entonces. Al menos las personas lo creían, se conformaban con menos y un bonito sombrero era el regalo perfecto del hombre que realmente amaba a su mujer.
Fueron los años de la mujer, donde una mujer moderna empezaba a preocuparse por ella. A disfrutar de vicios que jamás había podido concederse, donde los pintalabios carmín -carmín como el de julia- manchaban un cigarro mientras ellas bailaban canciones de jazz hasta la madrugada mostrando todos sus encantos en un escote infinito.
Aquellos años fueron los mejores para mí. Noches eternas donde Suhaila me arrastraba a cualquier lugar donde hubiera música. Noches en las que me obligaba a bailar y dejaba su pintalabios rojo marcado en mis labios a escondidas. Noches en las que siempre sonreía mientras las sedas, las medias y por entonces el nuevo invento -los sujetadores-, se adherían a su cuerpo dándole la bellísima silueta que ella poseía. Una silueta de la que me apoderaba cada noche hasta que los primeros rayos del sol entraban por nuestra habitación.

'Lo tienes todo' me dije mientras caminaba entre mujeres que paseaban. Miles de colores inundaban las calles. Aquel día igual que el anterior y el anterior y el de mañana era una fiesta que se debía celebrar. Una fiesta donde las mujeres eran protagonistas. Fue en ese momento. En el momento en que dos mujeres tomaban un café en una pequeña terraza decorada con algunas flores y mesas y sillas de metal, en que la extrañé y quise ir a por ella. Cómo la extrañaba cuando no estaba conmigo. Cómo la deseaba cada noche. Pero cómo temía que fuera mi más pura necesidad y vicio durante toda la vida.
No hizo falta ir a buscarla. Cuando me giré para deshacer el camino. Ella me miraba desde detrás. Esta vez tenía una sonrisa en el rostro. De alguna forma estaba segura, de que esa sonrisa venía dada por mí y de pronto me sentí como una niña pequeña que quiere más.
  -Sabría que irías a buscarme -una burla apareció en el filo de la frase. Pero no me importó. Yo debería haberlo sabido. Realmente no tendría que haberla dejado allí-, no sabía cuándo, pero volverías...
  -Demasiado lista señorita -dije mientras la cogía de la mano y corríamos como niñas por las calles hasta nuestro hostal. Una vez en la puerta me giré para mirarla. Lucía impecable aunque no estaba arreglada. Lucía tal y como me gustaba, al natural. Lucía feliz de nuevo, como si nada hubiera ocurrido y aquella sensación de vacío que se creó al dejarla en el bosque se llenó en cuanto su cuerpo desnudo compartió cama conmigo.
  -Me vas a volver loca -dijo ella mientras acariciaba mi pelo.
  -Espero que puedas aguantarlo -dije mientras oía su corazón latir. No había nada que me gustara más que oír aquel latir. La vida estaba en ella y era magnifico sentir su palpitar rápido cuando estaba tensa, cuando estaba nerviosa, cuando estaba desnuda entre mis brazos. 

Esa misma noche mi suerte cambió. Suhaila, aprovechó la tarde para hacer de mí un experimento de muñeca y yo que sentía que se lo debía me dejé en sus manos. Unas manos que me volvieron irreconocible cuando me miré al espejo. Suhaila había tejido con mi pelo caoba una trenza que luego había convertido en un recogido. Un vestido color negro con demasiado encaje mostraba demasiado de mi cuerpo. Y mi cara era la misma cara, pero un poco menos pálida, con más color y unos ojos negros más pronunciados. Accedí a ponerme zapatos de tacón aquella noche y cuando estábamos a punto de salir. Me obligué a mirar a aquella preciosa mujer que estaba conmigo. Llevaba el mismo vestido en gris. Sin embargo a ella el vestido le hacia demasiado bella. Su cara iba un poco menos maquillada de la mía y aún así ella seguía teniendo un rostro mucho más lindo. Había dejado su pelo suelto, pero se había recogido parte de él bajo un sombrero. Me sentí un poco celosa de tener que compartirla cuando la vi caminando, prácticamente bailando con los tacones por la calle. Su caminar era como una danza, una danza a la que yo no tenía acceso. Una danza que no quería compartir con nadie.
  -¿Qué te pasa? -preguntó ella a varios metros de mí mientras reía-. ¡No llegaremos nunca como sigas caminando así!
  -Estos zapatos no tienen equilibrio -bufé mientras intentaba abrirme paso entre las parejas que caminaban por la noche.
  -No tienes equilibrio tú -dijo ella entre una risa melodiosa mientras se acercaba y me cogía de la mano para tirar de mí-. Te dije que tendrías que acostumbrarte.
  -Tengo tanto a lo que acostumbrarme...

Y así pasó la noche, entre copa y copa, bar y bar. Entre caras que no conocíamos, caras que no pretendíamos conocer. Cigarrillos que se acababan e inundaban la atmósfera haciendo que Suhaila y yo nos agobiáramos. La noche pasó, pero cuando decidimos volver, las estrellas seguían estando en su lugar. Ella seguía radiante mientras que de mí sólo quedaba un resto de lo que ella arregló con los pies doloridos. Caminamos por la noche, mientras sus zapatos repiqueteaban en la calle de piedra y los míos colgaban de mi mano libre...

El tiempo pasa sí, pero ¿Por qué debería olvidar todos esos momentos?

Regreso a la realidad cuando mi corazón parece desbocarse. Entiendo que aquella parte de mi mente es un pozo sin fin al que no debería acceder. Mejor quedarme con lo bueno. Con sus besos que eran míos, con sus caricias infinitas, su risa contagiosa, la magia de su sonrisa. El quererla tanto.
Sigo caminando mientras la lluvia cala mis huesos, una lluvia torrencial que intenta aplastarme contra el suelo mientras el viento lucha por derrotarme también. La niebla empieza a condensarse cuando un recuerdo atosiga mi mente. El cuerpo de Suhaila en aquel callejón, '¡Corre, huye!' dijo ella mientras aquellos ojos rojos me observaban por primera vez. 
Caigo al suelo cuando siento que no puedo más, las lágrimas brotan con fuerza y éstas se unen a sus hermanas las gotas. Cuando miro hacia adelante, lo veo. Se parece a la muerte. Mi muerte, esa de ojos rojos.



10 comentarios:

  1. Acabo de leer la historia desde el comienzo y me encanto muchísimo. Te incita a leer más ya desde el prólogo, y dejame felicitarte por lo bien que escribis. Espero ansiosa la continuación, besitos!

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    1. ¡Muchísimas gracias!
      Me sacaste una sonrisa enorme cuando lo leí.
      Llevo muchísimo tiempo escribiendo y con miles de ideas que rondan por mi cabeza, pero nunca me decidí a publicarlo hasta ahora... En parte porque temía que no fuera nada buena, ya ves no soy una escritora que sobresalga, pero gustar hacerlo y me alegra tanto que te guste.
      Un beso enorme!

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  2. hola cielo e pasado ahorita por tus dos blog Pero Me llamo mas la atencion esta historia

    Caigo al suelo cuando siento que no puedo más, las lágrimas brotan con fuerza y éstas se unen a sus hermanas las gotas. Cuando miro hacia adelante, lo veo. Se parece a la muerte. Mi muerte, esa de ojos rojos.

    Me senti identificada con el final
    Por que?
    Por que suelo ser de esas chicas que se deja derrumbar se deja caer por los problemas y desesperaciones y pienso
    HABRA RREMEDIO? ME LEVANTARE?
    Pero Uno hay que limpiarse las lagrimas y seguir adelante♥
    Un beso cielo e amado la historia ♥


    Un abrazitooooo enormee jeje ♥

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    1. Muchas gracias por pasarte!
      Me alegro que te gustara la historia (es más larga que esto, ya que va por capítulos) pero sí, yo también me siento muy identificada con ese trozo ¿Tal vez por qué lo escribí yo? jajja
      Bueno no sé, pero tienes razón lo importante es levantarse y continuar porque lo difíicil es eso no rendirse...
      Un beso enorme.

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  3. ASDFGHJKLÑ CAPÍTULO *^*
    http://empezandoenlalineaincorrecta.blogspot.com.es/p/nominaciones.html
    Y nominada <3

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    1. ¿Me tomo eso como te gustó?
      Mil gracias por la nominación, es mi primera nominación desde que estoy por aquí.
      Un beso enorme<3!

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  4. Oh tambien escribes ♥,♥ yo tambien, luego si quieres leerme tengo links donde puedes leer mis capitulos

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    1. Sí algo escribo depende del día, aunque no creo que sea nada del otro mundo. Pero me ayuda a relajarme, casi tato como leer...
      Un beso.

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  5. Qué lindo, nena :)
    Te digo que esa época que mencionás es mi preferida. Había algo tan romántico y curioso, no?
    Ahora.. ¿A quién entregarse? ¿Con quién intentarlo? Es increíble cómo el amor o el desconsuelo por hallarlo nos marcan.

    Un beso

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    1. A mi también me encanta esa época, la mujer siendo realmente quien es, liberándose de tantos años de ser secundonas. Amo esa edad por todo en concreto.
      Me alegro de que te haya gustado.. Es todo un gusto. La verdad es que a veces nos dejamos llevar por el hecho de querer amar y encontrar el amor, pero eso es tan relativo el amor suele ser tan impredecible...
      Besos.

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Miles de gracias soñadores ♥