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domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo seis.


  -Tendrías que haberte quedado conmigo... -susurré mientras su cuerpo desnudo se adhería al mío y su mano exploraba mi cuerpo con caricias sin vergüenza. Tal y como había sido en un pasado-. No tendrías que haberte ido...
  -No tenía más remedio -ella suspiró y se alejó de mi para sentarse con las piernas flexionadas y la barbilla reposando sobre las rodillas. La observé mientras su mente volaba en otra dirección, quizás aquel momento en el que nuestros caminos se separaron. Aquel momento en el que ella yacía en el suelo y me pedía huir. Aquel momento donde segundos más tardes no quedaba más que el aroma de lo que un día había sido mi persona favorita en el mundo. Aquel momento en el que ella desapareció totalmente de mi mundo y se convirtió en un recuerdo al que me dirigía cada vez que no encontraba el rumbo para salir de toda esta mierda que me rodeaba. La observé después de tantos años y la seguí encontrando perfecta, su rostro tenía unas arrugas en la frente que parecían ser eternas. Las eternas arrugas del miedo, de la impotencia, pero si no se miraba nada más seguía siendo mi Suhaila-. Créeme cuando te digo que te estuve buscando, es más tú no te acuerdas -sus ojos miran a mis manos inquietas que se mueren por tocarla una vez más-, pero nos hemos visto tantas veces... Me he encontrado contigo a tan pocos metros, te he seguido en tantas ocasiones...
  -Podrías haber hablado, podrías haberte acercado -suspiré mientras el dolor se acentuaba al pensar que tal vez ella no me había echado tanto de menos como yo a ella. Al fin y al cabo después de esa noche, ella volvería a irse y yo me quedaría tal vez un poco más destrozada por haberla tenido entre mis brazos, por saber que seguía viva en alguna parte del mundo y saber que de alguna forma era inalcanzable para mí. Otra vez volvía a perderla. Otra vez tenía que conformarme con su ausencia, con su existencia en mi mente, con ella a kilómetros de mí-. No voy a poder hacerlo... no estar contigo. Me va a resultar el mismo infierno si vuelvo a perderte.
  -Tal vez no tendría que haber venido -dijo ella al mismo tiempo que se levantaba y comenzaba a vestirse-. He sido una estúpida -susurró para sí misma lo suficientemente fuerte como para que la oyera- ¿En qué estaba pensando? -se giró hacia mí mientras se ponía el jersey marrón de lana y dejaba escapar unas lágrimas que era incapaz de contener-. ¡Te estoy poniendo en peligro! -gritó en medio de un sollozo que llenó la oscuridad de la casa e hizo que el pequeño gato despareciera de mi lado-. ¿Sabes? Debes odiarme -ella escupió las palabras con odio y yo me quedé muda, esperando una respuesta a esa ilógica frase-. Naira ese que intenta matarte... Es mi padre.

Respiré varios segundos sin entender lo que realmente significaba aquella frase. A decir verdad la frase no tuvo sentido hasta que la repetí en mi cabeza y oí 'Es mi padre'. Después de eso mi cabeza se volvió frenética intentando recordar si Suhaila en algún momento había hecho mención de un padre psicópata. No, no había hecho mención. Es más siempre había hablado de que llevaba años sola, de que desde hacía siglos ella vagaba sola por el mundo. Suspiré y un click sonó en mi cabeza. Realmente ella dijo que vagaba sola, no que estuviera sola en el mundo. Una pieza encajó en un puzzle que no entendía. La observé mirarme, ella lloraba, yo incapaz de reaccionar pensaba en todos los momentos en que aquel ser, Dámian, lo había llamado ella momentos antes, había aparecido en mi vida. Siempre con sed de sangre, deseando acabar conmigo. Seguí mis recuerdos hasta el primer momento y sin darme cuenta mi mente viajó a un momento que jamás había sido capaz de recordar, tal vez porque la inmensidad de la mente a veces es incapaz de llegar a esos extremos en los que eres únicamente algo que depende de  otro algo (un bebé).

Estaba tirada en el suelo, hacía frío y yo me acurrucaba contra mi madre. Ella intentaba abrazarme mientras respiraba con dificultad. Aún así luchaba por mantenerse con vida, por darme un poco más de tiempo, para no morir de frío. Olía a hierba húmeda, los animales pululaban alrededor pero sin acercarse. Y entonces aparecía alguien, algo, oscuro. El bosque se calló y mi madre hizo el intento de arroparme, esconderme bajo ella. Pero era imposible no oler a la muerte, porque siempre que ésta se presenta aparece con un olor característico, un olor que años después sería capaz de reconocer en cualquier parte del mundo. Mi pequeña nariz, siendo todavía tan pequeña, comenzaba a funcionar deprisa. A decir verdad, cualquier persona habría creído que tenía varios meses de vida, pues en nuestra especie se nace totalmente alerta, todos los sentidos trabajan y el crecimiento va por hora, tal vez sea eso lo que mata a nuestras madres. 
Una vez me explicaron que las de mi especie (únicamente existimos mujeres) crecen por horas hasta tener la apariencia de una niña de dos años, sólo por instinto. Nuestras madres mueren tan repentinamente en el parto, que con el tiempo  -según dicen es evolución, yo digo que es magia-, nuestras especie se obliga a crecer hasta una edad en la que es capaz de comenzar a valerse por sí misma. Mis veinticuatro primeras horas de vida, suponen los dos primeros años de vida de cualquier humano. Con la diferencia de que en nuestro caso estamos solas des del momento cero.
Pues bien, la respiración de mi madre se volvió bruta, grave, hasta que llegó un momento en el que el latir de su corazón se volvió pesado y minutos más tardes este calló para siempre, mientras yo, intentaba pegarme al calor que poco a poco desaparecía de mi ya muerta madre. Lo siguiente que acude a mi mente es la cara de una niña. Un rostro angelical me observa con cierta diversión, en mi mente lo confundo con un ángel.
  -¡Mátala! -pronuncia una voz abrupta que interrumpe el canto que aquella niña me dedica. Sus ojos turquesas me observan fascinada. Miro a Suhaila y encuentro los mismos ojos. El mundo se para y mi mente sigue trabajando.
  -Padre es tan pequeña... -ella sonríe con la sonrisa más dulce del mundo y gira la cabeza en busca de ese olor a putrefacción que arruga mi nariz-. ¿No podemos quedárnosla? -ella pronuncia con inocencia mientras vuelve a mirarme. El silencio se hace presente durante un segundo, mis pequeños pero atentos ojos se quedan con cada pequeña fracción de aquella cara. La nariz respingona, los labios con forma de fresa, el suave toque rosa que inunda sus mejillas. Su olor exquisito. Para nada como el del supuesto padre.
  -Te he dicho que la mates.
  -No puedo -vuelve a girar la cabeza en busca de alguien-, es tan pequeña y huele tan bien... -dice con toda la inocencia del mundo.
Segundos más tarde el olor a muerte me invade, la sonrisa de la niña desaparece y segundos más tarde estoy envuelta en una manta cerca de un árbol. Unos labios que me besan tiernamente la mejilla. Y después nada.

Levanto mi cabeza y la observo. Ella está sentada, es obvio que se ha introducido en mi cabeza a pesar de saber que odio que ande merodeando por mis lugares privados.
  -No me gusta que lo hagas -la escruto con la mirada con recelo.
  -No hablabas -ella me observa con cansancio, saliendo de mi mente.
  -Recordaba la primera vez que te vi -dije como si fuera algo tan obvio como lógico para mí.
  -Eras tan pequeña... -una sonrisa se dibujó en su rostro y durante un segundo sentí que podría perdornarla. Me obligué a no hacerlo-. Tan bonita. Me enamoré en ese instante ¿sabes? Yo quería tenerte conmigo siempre, pero no pude -suspiró y agachó la cabeza-. Le hice prometer a mi padre que jamás te haría daño. Pero Naira yo no soy como tú, no del todo -me observó con los labios entre abiertos-. Pero tú no eres capaz de olerte... Hay algo en ti -sus ojos se cerraron mientras respiraba profundamente-, Hay algo en ti que no existe en ninguna más de tu especie... Tú sangre es diferente.
  -¿Qué soy? ¿Qué eres? -mi voz perdió fuerza al carraspear esas palabras.
  -Soy mitad demonio mitad ninfa -escondió su rostro entre su larga melena-. Mi madre murió en el parto como la tuya... -la miré con odio y ella retrocedió en sus palabras-, como la mayoría. Mi padre ya sabes quien es...
  -¿Qué soy? -volví a preguntar esperando a que me aclarara todo lo que ahora alborotaba mi mente y me hacía más rara de lo que ya era.
  -Mi padre opina que eres hija de una ninfa, pero no creemos que seas humana, tú olor no existe en este planeta. No hay un olor parecido al tuyo. Los humanos son demasiado vulgares para haberte dado ese olor... Creo que tienes algo de ángel.
Exploté en una risa y segundos más tarde lloraba como una niña que acaba de perder a su madre, como una niña a la que habían arrebatado todo. Como una niña que se perdía en un mundo sin sentido al que realmente temía. 
Suhaila se acercó a mí y me abrazó,al principio fui reacia, pero al oler su olor y recordar como realmente me había salvado aquella vez, entendí que ella me quería. Me había querido, me había buscado y me seguía buscando a escondidas.
  -No estás sola... -sus labios dejaron un tierno beso en mis mejillas y mis labios salados fueron al encuentro de sus labios. Me besó. La besé. Eramos las mismas, tal vez no. Pero seguíamos siendo nosotras.
  -Quiero seguir oyendo -me sequé las lágrimas con cierto odio y ella se separó de mí.
  -No sé nada más -se hundió de brazos-. Mi padre se obsesionó contigo, con tu olor y se dedicó años a estudiarte. Todavía cree que no has sacado todo lo que tienes dentro -masculló con cierto odio y suspiró-. Ahora simplemente se está guiando por su instinto. Creo que tiene una teoría pero no quiere compartirla conmigo -apretó los puños-. A veces me gustaría verlo muerto -sus labios se aprietan en una tensa línea y yo le acaricio la mano con suavidad, esperando a que vuelva a hablar-. Me separé de él, cuándo me dijo que había pensado rastrearte y matarte. Me fui sin decir nada y me dediqué a buscarte -una sonrisa fugaz apareció en su rostro-. Te encontré en aquel lago desnuda y supe que te había encontrado, que te había estado amando desde aquel momento. Tú tenías veintitrés años, yo treinta y cinco, luego sabes lo que viene...
  -¿Por qué tanto empeño en mí? ¿Por qué te fuiste? -la observé exasperada y cansada.
  -Te juro que no lo sé, no quiere compartirlo, supongo que sabe que en cualquier caso podría matarlo si llega a tocarte -cerró los ojos-. Sé como controlarlo. Me quiere, no desea que vuelva a irme de su lado y eso lo que te mantiene con vida Naira.
  -Entonces no quiero vivir -las palabras salieron como una verdad irrefutable. Si no podía tenerla, no quería estar en ese mundo.
  -Dame tiempo.
  -¿Más? -me tiré sobre la cama y ella se sentó sobre mí para poder mirarme.
  -¿Tienes prisa? -una sonrisa traviesa atravesó su cara y en sus ojos se encendió una pequeña llama de algo prohibido. 
  -La tengo ahora -farfullé mientras me levantaba y le quitaba la poca ropa que tenía-. Porque te quiero ahora.

En aquel instante mi mente se olvidó de todo lo hablado, su cuerpo parecía ahora un motivo más importante. Mis labios me urgían besarla, mis manos iban al encuentro de su piel desnuda aferradas al deseo de redescubrir aquellos lugares ocultos que ya había profanado en un pasado. Las respiraciones se volvieron superficiales y caóticas a la misma vez que se compenetraban. Mi cuerpo la ansiaba a la misma vez que ella me buscaba. Me dejé encontrar en una cama deshecha, me dejé encontrar sin ropa, ardiente. Deseando que sus labios rozaran cada parte de mi cuerpo que una vez más volvía a ser suyo. Encontré un lugar en el cielo cuando sus manos comenzaron a investigar esos lugares oscuros que se humedecían por segundos con sus caricias. Me instalé en el cielo, cuando mis labios habían recorrido todo su cuerpo y se hicieron con su sabor. Aquel sabor salado que me daba entre gemidos que se intensificaban con cada segundo hasta que su cuerpo se contoneó desesperado y se entregó entera a mí. 

Cerré los ojos y me dejé caer en el cansancio mientras sus manos seguían acariciando mi cuerpo y este recibía oleadas de placer que me impedían dormir.
Sin embargo en algún momento de la noche mis ojos se cansaron, mi cuerpo siguió estremeciéndose pero yo me quedé dormida en los brazos de Suhaila mientras ella cantaba alguna canción. Aquella noche ella, se convirtió en la protagonista de mis sueños y sus caricias se prologaron durante toda la noche adentrándose en mis sueños. No había más que ella.
Desperté a la mañana siguiente, la cama estaba vacía, sólo estaba yo y el pequeño gato que dormía ajeno a todo lo ocurrido en la noche. La cocina olía a café.
Me vestí con una camiseta larga y fui al encuentro de aquella mujer que me había traído con ella el caos, que me había devuelto la vida. No estaba. En su lugar, el café caliente me esperaba, una taza ya utilizada estaba sobre la encimera. Pegada a la cafetera había una nota.
'Prometo volver. No me olvides'.
Me sentí frustada un segundo. Al segundo vertí el humeante café en la taza donde Suhaila había posado sus labios, busqué su olor y bebí de allí donde sus labios habían dejado una señal. Me imaginé besándola, pero segundos más tardes todo lo dicho la noche anterior se apoderó de la mente y el caos dejó de hacerme feliz.

10 comentarios:

  1. Hola: =)
    Me paso por aquí para decirte que tienes una nominación en mi blog. Espero que no te moleste, pero eres la persona ideal para merecerlo. Seguramente ya habrás recibido muchos, así que si no quieres no lo hagas. Ya sabes, no tienes ninguna obligación, yo con haber descubierto tus dos blogs me quedo más que satisfecha.

    Un beso,
    Windflower. <3

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    1. ¡Eres increíble! Muchísimas gracias por nominarme, en cuanto pueda subo la entrada con la nominación, pero ahora no estoy en casa y el tiempo que tengo se lo dedico a esto para desahogarme un poco.
      Un beso enorme.

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  2. Tú manera de escribir me resulta preciosa, siempre trasmites mucho sentimiento.

    Besos

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    1. ¡Miles de gracias!
      Debes saber que lo que has dicho me ha sacado una sonrisa... Me alegra muchisimo que te guste lo que escribo.
      Besos.

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  3. Me estoy enganchando a esta historia... Me gustan sus personajes!
    Besotes!!!

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    1. ¡Me alegra! Son unos personaje que comenzaron a tomar forma en mi mente pero que nunca llegaron a crecer de todo y es ahora cuando le doy vida.
      Muchos besos!

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  4. Me ha gustado mucho el capítulo, la forma que tienes de implicarnos en las reflexiones hace que la historia enganche
    Besos

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    1. Ohhhh mil gracias! Me has subido la moral y mucho, a veces creo que no consigo mucho escribiendo, pero al fin y al cabo esto es lo que me gusta y hago lo puedo :D
      Besos.

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