Páginas

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo dos.


Recuerdo la última vez que vi a Suhaila, ella me miraba furiosa mientras la sangre resbalaba por mi mano y se estancaba a mi alrededor formando un charco poco profundo color escarlata que parecía brotar con fuerza des del interior de mis venas. 
Aquella última vez Suhaila intentó abofetearme, yo quise llorar, llorar porque había intentando reunirme con ella y ella no me había aceptado en su pequeña morada. Desde aquel día, su dulce voz se perdió en mi mente y me quedé arrinconada en alguna parte del mundo, rodeada de gente que me mira caminar esperando a que me aparte de su camino.
Sin embargo yo quise quitarme del camino y no pude. El dolor no fue tan sordo como se suele decir y mientras ataba mi miedo junto a mis preocupaciones, la sangre brotaba y yo no podía detenerla. Tampoco quería. A lo lejos se oyó el grito de una voz furiosa, Suhaila me miraba con el infierno como ojos y yo intentaba sonreír aunque el dolor invadía mi cara y mis gestos no eran más que un eco de aquella brecha desde donde brotaba mi vida.
  -Jamás te lo perdonaré -su tono era contundente, mi muerte parecía cercana. 
  -Pronto estaremos juntas -dije mientras apretaba el brazo y el filo de aquella vieja navaja, que había encontrado cerca de un árbol, intentaba rasgar la piel. Una piel que parecía no querer ceder, una piel que se resquebrajaba mientras mi voz se rompía en miles de gritos sordos que mi garganta guardaba para sus adentros.

Doce días han pasado desde entonces. Doce días desde que brotó la sangre. Doce días son los que llevo intentando recuperar la voz de mi Suhaila. Doce días en los que entiendo que la magia corre por mis venas y que la muerte es un destino, una parada que me queda lejos. Lejos cuando esos ojos no me atosigan. Cuando aquel olor no aparece. Y ahora lloro. Lloro mientras recorro las calles en busca de algo que alivie este pozo que se ha abierto. Busco la sensación de vivir, pero no la encuentro. 
Porque los rostros que me miran en la noche no son más que caras de gente que busca una noche diferente, con una persona diferente. En una cama diferente y en unos brazos diferentes que no durarán más de media noche.
En esos doce días, las noches han sido eternas. Suhaila ha decidido castigarme con su ausencia y aunque el brazo empieza a curar, hay un dolor que atosiga más a dentro. En aquellos recovecos que los humanos llaman alma. En aquel recoveco que llamo "nada".

Y esta noche he decidido buscarla. Porque quiero tenerla, quiero sentir que una vez más la tengo entre mis brazos, quiero oír su boca buscarme, sus susurros suplicarme y sus gemidos nombrarme. 
Si tú has decidido irte, yo decido traerte, digo para mis adentros mientras entro en un bar que vi desde lo lejos de la otra calle.
El ambiente es tenue, una iluminación cutre ilumina lo que parece ser un cubo de paredes rojas con cuatro mesas y cuatro sillas. A lo lejos en la zona más oscura, un hombre y una mujer intentan pasar desapercibidos mientras ahogan gemidos en la boca del otro.
Frente a una de las ventanas que hay cerca de la puerta, un grupo de chicos juegan a ver quien es el más macho y quien conseguirá a una de las tías con falda y tacones de la mesa de al lado.
Sentada en la barra sobre un taburete de cuero roído yace mi presa. Mi entretenimiento de esa noche, mi pasaporte a Suhaila. 
Me acerco con paso ligero pero intentando que este no parezca desenfrenado. Cuando me acerco hasta ella, ésta me observa con desdén. 
Cualquier persona diría que es una chica cualquiera ¿En qué se fijarían? En la chaqueta de cuero que cuelga de la barra, en el escote que deja entrever el sujetador blanco desgastado, la falda por encima de los muslos, los tacones de cada sábado y el pintalabios color carmín.
Sin embargo yo la contemplo y no me parece común, su boca de fresa esconde una súplica que se ahoga en un vaso de lo que a mi olfato le parece un licor barato. Sus ojos oscuros, escondidos entre rímel y maquillaje me observan en un intento de llamar mi atención y uno de los cigarros de esa noche se consume en un cementerio plateado con sus difuntas amigas.
  -¿Va a querer algo? -pregunta el camarero sin dejar de mirar el escote de mi presa.
  -Cualquier cosa -susurro con voz inocente intentando atraer la atención del camarero-. ¿Podría traerle a mi compañera lo que pida? -le guiño un ojo al camarero y luego miro a la muchacha-. Yo invito.
La muchacha dirige su mirada hacia mí. Y yo entiendo que no espera una invitación así sin que yo quiera nada a cambio. Yo le sonrío y dejo la chaqueta negra sobre el taburete, luego me siento sobre ella y le doy el primer sorbo a mi vaso. Un sorbo que arde en mi garganta, que continua su camino como fuego y alerta a mis cinco sentidos mientras una sonrisa se dibuja en mi cara.
Es mi noche, quiero jugar y no estoy dispuesta a perder. 
La noche pasa entre vaso y vaso. Los sabores se mezclan en mi boca y el aroma a vainilla y a tabaco que mi compañera de barra desprende confunde a mis sentidos. Unos sentidos que quieren probar los labios de mi querida Suhaila en el rostro de una completa desconocida.

Me levanto mientras todo me da vuelta. El bar en el que estamos está vacío, el camarero tiene mala cara y supongo que está deseoso de poder echarnos. Con una sonrisa pido la cuenta y al mismo tiempo cojo de la mano a aquella desconocida y salgo por la puerta con ella.
Ella me mira confundida. Tal vez porque aquella noche su cuerpo ha hecho un sobre esfuerzo por darle cobijo a tanto alcohol. Yo, por mi parte intento mantener el equilibrio mientras un brisa poco agradable acaricia mi cara dándome las buenas noches.
  -Julia -dice la voz de aquella muchacha con un tono tan dulce como inesperado. Sus ojos negros me observan desde detrás de sus pestañas infinitas y sus labios se abren en una sonrisa inocente que me encandila durante un segundo-. Gracias por todo -asiente la cabeza y levanta la mano a modo de despedida.
La agarro con prisa sin darle opción a alejarse. La acorralo contra la pared y lo que parecía una noche difusa adquiere un tono, un sabor, un olor diferente. 
  -Me gusta como hueles -susurro mientras mi boca recorre su cuello y mi nariz y mi lengua se encargan de mezclar sus olores y sabores para mí. Sin pensármelo dos veces, pongo mi mano sobre su cadera, una cadera que no se muestra reacia y cuando siento que no puedo más. Mi boca busca la suya y la suya se deja encontrar.

El taconear en unas escaleras que no conozco. Una puerta que se abre. Luces que permanecen apagadas, ella que tira de mi mano hasta una habitación. Y su cuerpo que comienza a desprenderse de la ropa. La observo desnudarse. Y mis manos la acompañan en el juego, se pierden entre sus muslos y su boca va a mi encuentro. 
Mi ropa que se esfuma. Sábanas que se arrugan, cuerpos que se rozan. Un cielo menos lejos. Olvido mi objetivo y encuentro una pequeña parada cerca del paraíso cuando mi lengua cruza su cuerpo de norte a sur, pasando por su ombligo y se acuesta cerca de sus muslos entre sus piernas. La oigo gemir en la noche y la oscuridad no parece tan oscura. 
Sus manos que me piden más. Mi boca que se llena, su cuerpo que se humedece y esa sensación de sentirse poderosa, frenética.
   -Quiero más -susurro cerca de su oído mientras ella encadena mis muñecas con sus dedos y me llena de caricias mientras me lleva hasta otro nivel de la realidad llamada placer.
Y de pronto sudor, dos palpitares frenéticos. Las ganas de más, caricias en la espalda. Mordiscos en la oreja. Manos curiosas que se adentran en lugares oscuros y húmedos. Gemidos que se acentúan y el tiempo que no pasa y su cara que no aparece.

Vuelvo a la realidad horas después cuando Julia me observa sentada en la ventana mientras echa caladas de humo a la noche. Una noche difusa que pierde sentido. Su cuerpo desnudo se ve dibujado, coloreado por la luz de la luna y su melena negra azabache cuelga por su espalda y cuando se acerca hasta mí, ésta parece bailar sobre su cadera y todo en armonía forman el espectáculo perfecto. Ahora que su rostro carece de maquillaje, su cara parece la de una niña, una niña dulce que me observa mientras su cigarrillo se consume en la noche. Yo cierro los ojos y los abro cuando siento sus brazos a mi alrededor, cuando sus piernas se cierran al rededor de mi cintura y siento el palpitar de su corazón más a meno.
La separo de mí y la miro atenta. No puede ser muy grande, me dice mi cabeza. Sin embargo el cigarro se consume, la ceniza cae sobre las sábanas y el aroma a Vodka barato y humo, sobresale por encima de la vainilla. Es una niña, entiendo. Una niña que quería una noche. Una noche como todos los demás. Una noche diferente y la ha tenido.
  -¿Cuántos años tienes? -le pregunto mientras apaga los restos de un cigarro en un cenicero improvisado.
  -Quince -sonríe con orgullo. Y yo me siento estúpida. Estúpida porque no he encontrado lo que esperaba. Porque la noche ha sido placentera, pero no era Suhaila. 
Me levanto deprisa y me visto mientras siento su mirada sobre mi cuerpo desnudo. Ella espera más de esta noche, yo sólo espero salir y huir para encontrarla donde siempre habita, allí en mi cabeza y no en los brazos de una chiquilla de quince años que pretende encontrar placeres ocultos en lugares de mierda.
Me giro para mirarla y me sorprende que vuelva a estar fumando. Esta vez, las caladas son más profundas y lentas. El humo que sale de sus labios provoca el subir y bajar de su pecho desnudo y crea una nube entre nosotras haciéndose de rogar, como si éste quisiera ser atrapado por otros labios. Por mis labios. Me acerco a ella y la beso en la mejilla a modo de despedida. Ella me coge por el cuello y deja que una calada lenta sea mía. Noto el humo que poco a poco inunda mis pulmones, sus ojos que me miran desde lo infinito de sus pestañas y sus labios que esperan que vaya a por más. Yo me acerco, dejo un beso en sus labios y su lengua se abre paso en mi boca. Buscando un último contacto, aunque sé que ella seguirá esperando otro.
  -Me gustas -susurra cerca de mi oído con cierto acento extranjero y luego se despide con un mordisco que comienza en la oreja, su lengua que recorre mi garganta y unos dientes que encarcelan a mi labio y lo liberan con un suave beso.
Me alejo de ella y mientras ella me observa desde su cama vestida con una simple sábana, yo recorro las paredes de un pasillo que ya no son difusas. Abro la puerta y suspiro lo que es un adiós que se queda cerrado entre aquellas paredes, con la cara de una niña dueña de un cuerpo esquisto. 
Intenté buscarte en otros brazos, otras caras y otros labios. Pero sólo conseguí perderme siendo
vagabunda de tus besos.

8 comentarios:

  1. Respecto a las letras arriba: ¿Por qué tarde para escribir? ¿Por no haber expresado cosas anteriormente o por algún tema de edad? En cualquiera de las dos opciones lo correcto para vos es escribir. La edad es lo de menos y lo que no escribiste lo podés escribir ahora. Nadie olvida su vida pasada.

    La verdad que esta entrada es increíble! A medida que iba leyendo iba viendo la situación como si fuera una escena representada. Creo que cada vez que te comente voy a decirte lo buena escritora que sos, es inevitable. Me soprendes. Muy bueno en serio y bastante excitante también :p

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad es que siempre he escrito... Digamos que comencé con el típico diario y de pronto un día quería ser escritora (aunque lo veo difícil).
      También he tenido otros blogs pero los dejaba porque nunca llegaba a nadie y si quiero escribir es para que me lean (aparte de desahogarme) no por nada, sino porque quiero llegar a la gente con mis historias sin emabargo hay gente tan increíble por ahí que sólo soy una pequeña persona que intenta hacer algo
      Me alegra de que te guste... Realmente dudé varias veces en escribir esta historia, porque sólo tenía miles de idea en la cabeza y ninguna coherente pero aquí ando.
      Miles de Gracias!
      Besos.

      Eliminar
  2. Respuestas
    1. No sabes cuánto me alegra oír eso.
      Es como que digo "de alguna forma llega lo que escribo", es emocionante, nunca antes la gente había leído lo que ronda por mi cabeza a modo de historia.
      Besos.

      Eliminar
  3. "SI TU DECIDES IRTE, YO DECIDO TRAERTE"
    Que lindo te quedó, espero leer pronto más y más...
    ¡SE MUY FELIZ!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te guste...
      No estaba segura de alguien lo leyera porque la gente se asusta cuando hay mucha letra.
      Un beso!

      Eliminar
  4. Oh ya me he estado enamorando de tu novelas ¿como es que escribes asi?
    Un besito enorrrrrme♥

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Oiiiiish miles de gracias! En serio me encanta que la gente decide leerlo y ya me gratifica muchísimo que te guste... Es como decir, "Tal vez sirvo para ésto" (aunque a veces lo dudo)
      Un beso enorme!

      Eliminar

Vuestros comentarios son una motivación más para que este mundo que tanto me gusta no termine nunca ni se escape de mis manos.
Miles de gracias soñadores ♥