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miércoles, 21 de agosto de 2013

Por si te apetece leerla algún día.

Siempre pensé que odiarte era una tontería, que era darle demasiada importancia al tema, cuando te habías quedado en un mero recuerdo. Y aunque en principio quise odiarte, con el tiempo entendí que aquello era ilógico, que quizás estaría odiando a una persona que posiblemente estaría muerta. Una persona que podría hacerle daño a ella. Una persona que no se cruzaría en mi vida nunca más. Sin embargo todavía temía a ese recuerdo y recuerdo muy bien que mientras vivía allí, lejos de ti, temía a alguien que se te parecía. Alguien que no conocía, de quien no sabía el nombre, pero a quien odiaba por el mero hecho de llevarme a esos recuerdos donde tú como cruel protagonista borrabas mi sonrisa, su sonrisas, nuestras sonrisas.
Y siempre me habláis de buenos recuerdos, tú, mamá, vosotros. Me habláis de momentos felices que no recuerdo, momentos en los que parecía que vosotros erais felices, pero mis recuerdos no llegan hasta allí, posiblemente porque siempre perdura lo que llama la atención y tengo gravado como a fuego lento, aquella noche en la que saltaron cristales y mamá lloró asustada, porque no sabía lo que podría pasar y yo lloré, pero fui fuerte por las dos, porque debíamos cuidar la una de la otra y teníamos que ser un muro para el pequeño. 
Pero todo eso acabó y hubo una temporada en que te esfumaste, en que no te pensé en el que te deseché a un rincón del olvido donde nunca accedía.

Y ahora estoy aquí, en este momento en el que soy feliz. Donde tengo una familia, donde tu vuelves a formar de mí, donde siento que te quiero y eres una parte importante de mi vida.
Pero vuelvo a tener miedo, tal vez sea una tontería, tal vez todo vuelva a la normalidad en día, tal vez sean cosas de familias.
Pero no sé si me entenderás y sé que no es bueno sacar los trapos sucios, pero cada vez que te enfadas, los engranajes comienzan a funcionar y como una máquina del tiempo vuelvo a escenas donde era más pequeña. Donde mamá lloraba y tú no eras tú, sino algo parecido a un monstruo que aparecía de vez en cuando. 
Y cuando eso ocurre un nudo se instala en mi garganta y las lágrimas amenazan a mis ojos, porque temen que todo vuelva a ser como era. Porque mamá es feliz, porque mi hermano es feliz, porque yo soy feliz y a veces me pregunto ¿Eres tú feliz? ¿Es esto lo que quieres? A veces creo que sí, que nos quieres, que somos una parte importante de ti y que juntos, los cuatro, hacemos una gran familia, una familia imposible de derrumbar. 
Pero luego pasa esto, tú gritas, yo grito, mamá grita y todo se queda oscuro. Ella en vuestra habitación, tú en el salón, y yo en la mía, aguantando las ganas de llorar, deseando que esto no sea el principio de una catástrofe en la que todo vuelve a ser como era.
Y temo, sí papá, aunque soy grande a veces tengo miedo, porque te quiero y no quiero volver a perderte, porque ahora somos una familia, la familia que nunca tuve y que ahora me gusta tanto. Porque miro a mamá y sé que te quiere, que es feliz, que se imagina su vida sentada a tu lado mientras veis cualquier cosa en la televisión.
Y temo que eso no sea más que una ilusión. Una dulce ilusión que se quede a medio hacer.

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