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jueves, 8 de agosto de 2013

Monstruos del pasado.

Cerró los ojos, se perdió en la oscuridad de la noche, suspiró y se miró a sí misma. No todo estaba acabado, no todo se deshacía en sus manos. Si en el pasado ella había gozado de la felicidad, de la vida, y las sonrisas habían sido eternas en su cara. ¿Qué le impedía hacerlo ahora?
Se detuvo. Miró a su alrededor. Todo seguía siendo lo mismo, aquella persona que la observaba seguía siendo ella, su reflejo no la engañaba. No era una ilusión que lágrimas cayeran por sus mejillas. No era una ilusión que su sonrisa no fuera eterna. Que su sonrisa fuera momentánea.
Con sumo cuidado, recordó un grito, un cristal que se rompía, un llanto que crecía y su miedo de saber que aquello ocurriría una y otra vez.
Los monstruos existían, pero ella sabía que no eran como su abuela decía, no había un Coco escondido bajo su cama si no se dormía, pues llevaba horas allí, en el suelo frío, lleno de polvo, envuelta por la oscuridad. No estaba asustada del hombre del saco que la acechaba en el armario. Estaba asustada de aquella persona que era volátil como el aire. Temía, no porque estuviera a oscuras y algún monstruo pudiera comérsela. No, ella había tenido que dejar esos monstruos a un lado, porque en la vida real, existían otros peores.
De pronto se hizo valiente, respiró todo lo profundo que pudo y poniéndose de puntillas abrió la puerta. se deslizó por las escaleras, siempre pegada a la pared. Se acostó medio segundo sobre la esquina y tras observar que nadie la espiaba, que nadie la observaba, tras entender que aquella noche ella era invisible, corrió, abrió la puerta y salió a la calle.
Días más tarde, ella se sentaba en el sofá y sin jugar ni querer hacerlo tuvo que fingir ser una buena enfermera. Su madre, su mamá, la mami, tenía pupa y ella debía ser fuerte por las dos. Para que el monstruo no la hiciera daño, porque aunque mami no quería decirlo, mami tenía miedo y ella debía cuidarla, como hacía mami con ella.

Naira abrió los ojos, miró su reflejo, años habían pasado de eso, años desde que los mosntruos habían desaparecido. Donde la infelicidad no la daban los golpes o los llantos. Habían pasado años y ahora el único miedo era el hecho no ser quien debía ser.



2 comentarios:

  1. Bonito blog, te sigo, ¿me sigues? :)
    http://un-mundo-inalcanzable.blogspot.com.es/

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    Respuestas
    1. ¡Muchísimas gracias!
      Ahora mismo me paso por el tuyo (:

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Vuestros comentarios son una motivación más para que este mundo que tanto me gusta no termine nunca ni se escape de mis manos.
Miles de gracias soñadores ♥