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viernes, 16 de agosto de 2013

Dejándola ir...

  -Dijiste que no te irías... -Naira miró a aquellos ojos que tenía delante, unos ojos enormes y preciosos. Su propio mar, un mar donde se había perdido infinidad de veces.
Yohenne la observó, era obvio que no quería marcharse, que de tener otra opción y no la había, se habría quedado por ver esa sonrisa, por ahogarse en aquellos ojos caramelos y despertar a su lado cada mañana tras una guerra por conseguir la manta como premio, pero no era igual. De alguna forma ella sentía que tantos momentos comenzaban a quedarse en recuerdos. Las cosas habían cambiado para las dos, ella no podía ser lo que los padres de Naira querían, todavía no había conseguido asimilarse a sí misma. Alagar la despedida no era una opción, sólo era una forma cruel para ambas de alargar aquel momento final.
  -Pero todo es distinto ahora -dijo ella, intentando evitar el contacto visual. 
  -¿Qué ha cambiado? -Naira le reprochó aquella estúpida frase con una mirada furtiva que se comía todo lo que había entre ellas-. ¿Has cambiado tú? ¿He cambiado yo? ¿Hemos cambiado las dos? ¿O es que te rindes ante la situación? -Las ganas de llorar se apoderaron de ella, pero tal y como había hecho a lo largo de la vida, reunió fuerzas y siguió mirándola. Con el tiempo, había aprendido que no había ninguna otra forma de hacer sincera a su amiga que acorralándola con la mirada. Era entonces cuando su querida Yohenne, aquella muñeca de porcelana que se había convertido en una preciosa mujer de tez pálida, ojos infinitos azules y una selva infinita por melena se derrumbaba y asumía el momento.
  -Sabes que las cosas no son fáciles -Yohenne siguió evitando la mirada de aquella muchacha que había conseguido hacerla adicta algo. Siempre habían sido demasiado diferentes y ella lo sabía. Naira, aquella niña consentida, que había crecido en un ambiente familiar perfecto, que había sido siempre la mejor en todo era todo lo contrario a Yohenne. Ella que vivía el día a día, que gozaba de la improvisación y vivía con sus padres por no tener otro lugar al que huir, era todo lo opuesto a su querida amiga y ya no había nada que hablar. 
La mente de Yohenne viajó al momento que lo había cambiado todo, aquel segundo en la habitación de paredes veige, con cama de matrimonio y la preciosa terraza con vistas al amar. Aquel día en que entre sonrisa y risa, los labios se volvieron protagonistas al unir a esas dos amigas en un beso. Un beso que fue fugaz al principio y un segundo beso que se prolongó hasta que la puerta tras ellas se abrió  y la madre de Naira anonadad echó entres lágrimas y un atisbo de histeria a Yohenne.
Después de eso ambas entendieron lo que ocurría y todo se fue al traste cuando Yohenne entendió que podría pasar toda la vida al lado de aquella chica de pelo pulcramente peinado, mientras que Naira nunca podría asumir lo que la verdad conllevaba, ¿Podría su amiga aceptar la verdad? No, eso supondría defraudar a gente y ella misma, no estaba dispuesta a que su amiga lo hiciera.
  -La situación ha cambiado Naira, no hagas ver que todo es igual.
  -¡Claro que no lo es! -Naira dio un paso seguro  acortando la distancia entre ambas-. Porque hemos entendido lo que pasa -levantó su mano y con sus dedos acarició tiernamente la mejilla de Yohenne. Siempre le había gustado acariciar a su amiga, amaba la tez tan suave y el leve ronroneo que salía de la garganta de ésta cuando ella la rozaba-. Yo te quiero...
  -No, no lo haces -Naira se apartó inmediatamente enfadada y las lágrimas llenas de impotencia se posaron en la meta, esperando al aviso de salida-. Eso es lo que crees, pero no Naira, eso fue un accidente.
  -¿Un accidente que se repite tan a menudo? -el tono de Naira se elevó varias décimas, aquello alertó a Yohenne, dado que la chica que la observaba nunca había levantado la voz más de media décima por encima de la suya. En aquel momento tenso, un escalofrío recorrió su columna y al levantar la mirada vio a una Naira diferente. Una Naira enfadada, despeinada y demasiado sensual a su parecer-. No me digas que es un accidente cuando ambas lo hemos buscado.
  -Ya no quiero seguir buscándolo -Yohenne mintió y algo se rompió en su interior, sabiendo que ahí acababa todo. Que aquella historia no habría podido acabar de otra forma.
  -Si te vas ya no habrá nada -Naira susurró y la primera lágrima cayó por la mejilla hasta el suelo provocando que el tiempo se detuviera.
  -Entonces sólo quedarán recuerdos -con cuidado se acercó a ella, a aquella persona que siempre había amado a pesar de habérselo negado incluso a sí misma. La quería tanto que no le importaba alejarse de ella para que ésta fuera feliz. Con cuidado acercó sus labios a los de ella y la besó tiernamente durante un segundo. Luego Yohenne se dio la vuelta y echó a caminar mientras Naira se derrumbaba y asumía que nunca le había importado-. ¡Eres una egoísta! -corrió tras Yohenne y sus manos abrazaron a aquella que había roto todos su sueños. Al principio, aquella que había sido tan rebelde durante tanto tiempo permació rehacía al contacto, luego, poco a poco, el abrazo se consumió y a duras penas, Yohenne acabó alejándose.
  -Me lo agradecerás cuando no hayas defraudado a nadie y tu vida sea normal -fue su últimas palabras.
  -No elijas por mí, porque sé lo que quiero y me lo estás arrebatando en este momento -Naira se limpió las lágrimas con fuerza y se quedó allí parada, observando a la que siempre había querido, a la que desaparecería ante ella y se transformaba en un recuerdo-. Cuando quieres algo luchas por ello...
La primera lágrima de Yohenne apareció y entonces supo que nunca había sido tan fuerte, que nunca podría ser ella.

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