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viernes, 30 de agosto de 2013

Capítulo uno.


Demasiado tiempo vagando por el mundo. Tal vez este sea un momento decisivo, tal vez tenga que rendirme de una vez por todas y dejar que esto acabe conmigo, tal vez sea el momento de que lo que me lleva consumiendo tanto tiempo acabe por fin incinerando los restos de ésto que soy.
Sin embargo cada vez que intento poner un punto y final oigo su voz, la voz de mi querida Suhaila intentando guiarme una vez más en el camino. Y de verdad que lo intento, pero llega un momento en el que ni siquiera mi querida amiga es capaz de darme fuerzas. Tal vez porque darle voz y opinión a un recuerdo al final acaba siendo insuficiente. Insuficiente porque en momentos así necesito sus brazos a mi alrededor y no una ilusión de lo que diría en un momento determinado.
Sigo mi camino, aunque ya no sé si realmente tengo uno. Ni siquiera sé si hay un hueco en este mundo desde aquella noche. Aquella noche en que ella despareció de mi vida y del mundo. Desde aquella noche en la que este lugar llamado Tierra se ha vuelto más grande que un pañuelo. Más oscuro que el infierno y tan pesado que mis pasos se niegan a seguir una vida sin sentido.
  -Cuando piensas no te soporto -dice el recuerdo de mi querida Suhaila en mi mente.
  -No lo oigas entonces -reprocho como una niña chica mientras llego a la entrada de un bosque y me descalzo al fin. Al hacerlo el suelo, un suelo que parece reseco, me acoge con calidez y la poca hierba que crece acaricia mis piernas mientras mis pasos se dirigen a lo lejos donde parece haber un lago. Respiro dos veces y el olor de la mañana mezclada con el aroma de los árboles me hacen entrar en otra dimensión. Un plano diferente donde Suhaila me espera sentada sobre una rama y me observa con una sonrisa traviesa.
  -No me pienses entonces -dice mientras da un salto y se posa sobre sus talones en el suelo. La observo hacerlo y algo en mi interior me recorre cuando el vestido parece volatizarse a su alrededor creando una atmósfera única. Espero cinco segundos y cuando soy capaz de actuar con tranquilidad me dirijo hacia ella.
  -Sería muy difícil olvidarte -suspiro varias veces-. No estoy dispuesta a olvidarte todavía, es tan pronto... -susurro mientras entrelazo mis dedos con los suyos y nos acompañamos mutuamente en el camino.
   -No es pronto y lo sabes -su tono se hace casi inaudible-. ¿Cuánto tiempo ha pasado? -me mira-. ¿Noventa años y tú sigues viniendo al encuentro de un recuerdo?
  -No me regañes ahora por favor -mi voz se vuelve un susurro-. Si estoy aquí es porque te necesito, porque no sé lo que estoy haciendo y necesito que me lo recuerdes.
De pronto Suhaila se para y sus ojos turquesas me abrazan en un abrazo que no necesita brazos ni caricias. En un abrazo donde me siento a gusto.
  -Estás aquí porque puedes -sonríe y me acaricia la mejilla mientras con un brazo envuelve mi cintura y me aprieta contra ella-. Parece ridículo que ahora me dejes hacerlo sin pedir permiso... -ríe en una explosión melodiosa y yo no puedo evitar unirme a ella, aunque su sonrisa acaba pronto y esto provoca que la mía desaparezca inmediatamente-. Estás aquí, porque si te rindieras serías una perdedora, una rendida y eso no fue lo que conocí de ti en 10 años.
  -Pero es que... -sumerjo mi cara en su larga melena azabache y por un momento es como si su olor siguiera conmigo. Como si fuera un momento real y no una ilusión de una loca enamorada de un recuerdo que no puede volver. Que nunca volverá.
  -Estás asustada -acaba ella la frase por mí y siento que el miedo da la cara y la sensación de agobio recorre mi cuerpo. Éste se tensa y yo siento que hay alguien cerca de nosotras. Alguien que nos espía desde algún lugar entre los árboles. Algo que es dueño de unos ojos rojos como el infierno y un olor parecido al de la muerte-. Tranquila -me susurra ella cerca de la oreja mientras acaricia mi pelo-. Él no está aquí cariño. Sólo estamos tú y yo.
  -Él siempre está donde menos lo esperas Suhaila. No puedo huir de él, siento que ésto siempre va a ser así y no puedo aguantarlo -me aparto de mi querida amiga y con los ojos vidriosos y sin querer hacerlo me separo de ella. La dejo porque ella no es real, porque voy a acabar loca, porque necesito salir de ese pedazo de bosque donde siento que él está.
Sin mirar si alguien me observa desplego mis alas y recorro el cielo por encima de aquellos árboles, hasta el lago que había oído y cuando desciendo por el aire y poso la punta de mis dedos en el suelo, observo que no estoy sola, que cerca del lago hay un pequeño lobo de pelo gris que ha parado de beber agua para observarme con asombro. Me acerco hasta él con cuidado de no espantarlo. Ya que si lo espantara, espantaría a la única parte del mundo que todavía me soporta. Los animales, la naturaleza, todo lo que los malditos humanos no saben valorar.
Cuando llego a su lado me siento en la orilla y mientras el agua baña mis pies, mi pequeño amigo se acerca a mí contento. Como si me conociera de toda la vida. Como si fuéramos viejos amigos que se vuelven a encontrar. Lo acaricio y lo acojo entre mis brazos sintiendo que de nuevo vuelvo a tener compañía en este mundo. Y la sensación de calma y plenitud me invade en pocos segundos.

Abro los ojos, al principio con dificultad y una vez me he acostumbrado a la luz de la luna, observo que  mi pequeño amigo canino no está cerca de mí y el suelo se ha humedecido considerablemente.
  -¿Cuánto he dormido? -intento calcular el tiempo que llevo en aquel suelo tirada como una vagabunda-. ¿Cuándo me dormí? -Me intento estirar sin embargo no puedo evitar quejarme cuando mis huesos fríos deciden crujir y mis músculos adormecidos acceden a ceder. Me levanto con cuidado dado que nunca he sido de esas personas que consiguen mantenerse de pie sobre sus talones en ningún tipo de superficie. Observo a mi alrededor y agudizo el oído a pesar de que el mío no es tan bueno como los de otras especies. No escucho nada ni veo nada. Una vez segura dejo caer mi ropa en la tierra y poco a poco entro en el agua. Un agua fría, en calma que me abraza. Durante un momento me siento como en casa. Dejo a mi cuerpo sumergirse y cuando siento que el cuerpo me pide una pausa saco la cabeza y observo que a lo lejos Suhaila está sentada sobre una roca inmensa. Me mira con el cejo fruncido y aún así su piel morena parece perfecta y su rostro parece el de una diosa griega bajo la luz de la luna.
  -Has sido muy descuidada... ¿Qué si hubiera habido alguien y no lo hubieras visto?
  -No había nadie -suspiro y salgo del agua con cuidado para no caerme al suelo. Cuando estoy recta sobre mis pies dejo caer el vestido sobre la piel húmeda haciendo que la tela se adhiera a mi cuerpo sin intención de separarse. Me acerco hasta la diosa que me observa enfadada y sonrío en cuanto los ojos de ésta se dirigen hacia mis curvas y en su cara el enfado cede a la tentación y sus ojos se encienden en deseo-. De todas formas si hubiera habido alguien, ¿Qué podría contar? ¿Qué ha visto una persona con alas? -dejo escapar una risa y me siento más cómoda mientras ella me mira y se levanta para abrazarme.
  -Aún así deberías ser más cuidadosa y lo sabes -me aparta el pelo húmedo de la cara y me abraza mientras deja caer varios besos en mi hombro, lo que provoca que mis nervios se exciten y envíen una sensación de placer a cada terminación de mi cuerpo-. Y no deberías bañarte desnuda en cualquier lago del mundo -frunce el ceño y yo dejo escapar una risa-. Odio es manía que tienes...
  -No lo odiabas cuando estábamos juntas... -dejo caer el comentario con cierto retintín mientras ella me abraza con fuerza-. ¿Tal vez estás celosa? -le beso en la mejilla y ella se aleja de mí mientras tuerce los labios en un puchero.
  -No me gustaría compartirte con nadie mientras merodee por tu cabeza -admite y segundos más tarde ella desaparece sin previo aviso.
  -¡¿Suhaila?! -la busco mientras un nudo ata mi garganta y siento que la estoy perdiendo una vez más-. ¡No puedes hacerme ésto! -me dejo caer en el suelo y siento que ya no estoy acompañada, que el bosque tal y como me parecía una caja de música en perfecta armonía, me parece un baúl vacío donde habita el olvido y estoy una vez más sola. Tan sola que el suicido acude a mi en forma de idea.
  -Sería tan fácil... -susurro en mi cabeza sabiendo que acabar en ese preciso momento con lo que llevan siendo noventa años de continua tortura en los que la soledad me ha acompañado y la muerte me ha impedido avanzar sería tan sencillo como dejar brotar la sangre.
  -Sería fácil, pero sólo te habrías rendido -suena la voz de una Suhaila a lo lejos de mi cabeza.
Y siento que poco a poco muero al volver a perderla. Muero al sentir que no hay aire suficiente que permita a mis pulmones respirar. Muero porque ella una vez más ha desaparecido y no he podido evitarlo.

4 comentarios:

  1. Hermoso! Me encanta esto. Ten por seguro que lo seguire leyendo (:

    Un besito gigantesco

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    1. Aiiiish miles de gracias!
      Me hace feliz que a alguien le guste ^^
      Un besito enorme (:

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  2. He llegado en el momento justo para iniciarla historia y espero seguirla hasta el final. ^^
    Adoro las historias de amores imposibles y espero saber pronto lo que le espera a Suhaila...
    PD: Yo también te sigo ;D

    ¡SE MUY FELIZ!

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    1. Aiiish miles de gracias.
      La verdad es que tengo una idea de lo que le va a pasar a la protagonista (Que no es Suhaila) Léete el progologo que seguro que la entiendes un poco más.
      La verdad es que la historia me rondaba hace mucho por la cabeza y tengo varias ideas, pero veremos a ver porque la voy escribiendo día a día.
      Un beso enorme!

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